Una empresa de freight forwarding fundada a mediados de los 2000. Dos socios en sus sesenta, con todo el valor concentrado en el negocio que habían construido. Sin relevo claro. Sin un plan para lo que venía.
La entrada fue discreta — una participación minoritaria, profesionalización de la gestión, incorporación de dirección ejecutiva. La empresa pasó de 1 a 4 millones de facturación en pocos años.
Cuando llegó el momento, los socios fundadores vendieron al comprador adecuado. Salida ordenada. Jubilación real. El negocio siguió vivo y creció hasta los 8 millones.
A veces la mejor operación no empieza con una venta. Empieza con una conversación sobre qué viene después.










