Guía de Valoración

Due Diligence en Logística: Lo que Hay que Revisar Antes de Firmar una LOI

10 minAgosto 2026

Hay una frase que se repite en casi todas las operaciones M&A que se rompen en fase avanzada. La dice el comprador. La dice cuando ha invertido semanas en la due diligence, cuando tiene abogados, auditores y asesores financieros revisando cada documento del data room, cuando ya ha negociado los términos principales y está a días de firmar.

La frase es esta: "Nadie nos dijo que esto existía."

En logística española, ese "esto" tiene formas muy concretas. Licencias que no son transmisibles con la empresa. Certificaciones que desaparecen si la persona que las sostiene se va. Contratos con clientes que incluyen cláusulas de cambio de control. Convenios colectivos con antigüedades que generan pasivos laborales que no aparecen en el balance. Contingencias fiscales de los últimos cuatro ejercicios que el vendedor ni sabía que tenía. Personal clave sin el que el negocio no funciona y sin cláusula alguna que lo retenga.

Este artículo existe para que esa frase no se pronuncie nunca.

Pero sobre todo existe para el propietario logístico que está pensando en vender. Porque los problemas que matan las operaciones en due diligence no aparecen de la nada en el momento del proceso. Llevan años ahí. Y resolverlos antes, con tiempo y sin presión, es la diferencia entre una operación que se cierra en sus términos y una que se cae, se descuenta o se renegocia en el peor momento posible.

Guía de Valoración · ACQUIXORY · 2026

Por qué la due diligence en logística es diferente

Cualquier comprador serio hace due diligence financiera, legal, laboral y fiscal. Esas cuatro dimensiones son estándar en cualquier operación M&A, independientemente del sector.

Pero la logística española tiene capas adicionales que un asesor generalista no conoce y que pueden hacer que una operación aparentemente limpia esconda contingencias de decenas o cientos de miles de euros. O que el activo que el comprador pensaba adquirir no sea exactamente lo que pensaba adquirir.

Empezamos por las más críticas y menos discutidas.

Las licencias que no se compran con la empresa

El primer error que comete cualquier comprador que entra en logística española sin conocimiento sectorial es asumir que las licencias de la empresa se transmiten automáticamente con ella. En muchos casos no es así.

La autorización de Operador de Transporte (OT) es la licencia que habilita a una empresa para intermediar en la contratación de transportes de mercancías por carretera, ya sea como agencia de transporte, transitario, almacenista-distribuidor u operador logístico. Esta autorización debe renovarse o visarse cada dos años. Es nominativa para la empresa titular y está vinculada al cumplimiento continuado de requisitos de honorabilidad, solvencia económica y capacitación profesional de un gestor de transporte designado.

La due diligence debe verificar el estado actualizado de la OT, si está al corriente de su visado, si el gestor de transporte designado cumple los requisitos vigentes y si existe algún expediente sancionador abierto. Una OT con irregularidades o próxima a su fecha de visado sin los requisitos en orden puede paralizar la operación.

Para empresas con flota propia: las tarjetas de transporte de cada vehículo, el certificado de competencia profesional del gestor, las autorizaciones MDP o MDL según ámbito de operación, y el estado del Registro de Empresas y Actividades de Transporte. Cualquier discrepancia entre la flota registrada y la flota operativa es una contingencia legal que el comprador descubrirá y usará en la negociación.

El depósito IATA: el activo invisible que puede desaparecer

Para los freight forwarders con actividad de carga aérea, la acreditación IATA es lo que les permite emitir Air Waybills directamente, negociar tarifas con aerolíneas sin intermediarios y operar como intermediario formal ante transportistas aéreos. Sin ella, la empresa pierde el acceso directo a la red de aerolíneas miembros del sistema IATA, que concentra la mayor parte del tráfico aéreo de mercancías.

Obtener y mantener la acreditación IATA requiere: experiencia demostrable en carga aérea, al menos dos personas a tiempo completo con capacitación IATA certificada y, fundamentalmente, la constitución de una garantía financiera ante IATA en forma de fianza, depósito o línea de crédito. El importe de ese depósito no es fijo. IATA lo calcula en función del volumen de actividad de la empresa con aerolíneas. Una empresa freight forwarder con actividad aérea creciente puede tener un depósito IATA de varios cientos de miles de euros, inmovilizado y que no aparece en el balance operativo de forma visible para quien no sepa buscarlo.

La acreditación IATA no se transmite automáticamente en una compraventa. El nuevo propietario debe informar de los nuevos accionistas y solicitar la continuidad. Si la empresa pierde a las personas con capacitación IATA durante la transición, o si el comprador no tiene la solvencia financiera que IATA exige para el nivel de actividad, la acreditación puede ponerse en riesgo. IATA puede solicitar avales financieros muy sustanciosos para asegurar la continuidad de la licencia. Cualquier problema con respecto a este punto y que conlleve cuestionar esa continuidad puede generar imprevistos, incluso la suspensión de la licencia, y sin acreditación IATA, un freight forwarder con actividad aérea no es lo que el comprador pensaba comprar.

La due diligence debe incluir obligatoriamente: verificación del estado actual de la acreditación, importe exacto del depósito constituido, identidad de las personas que mantienen la capacitación requerida y plan de continuidad para el caso de que esas personas abandonen la empresa.

Las licencias portuarias: lo que vale no es la empresa, es el acceso

Para agencias marítimas y consignatarias de buques, el activo más valioso no siempre está en el balance. Está en las autorizaciones portuarias.

La prestación de servicios comerciales en dominio público portuario está sujeta a autorización de cada Autoridad Portuaria, conforme a sus condiciones particulares. El derecho a operar como consignatario en un puerto específico no es un activo de la empresa que se compra y vende libremente. Es una autorización administrativa que puede estar sujeta a condiciones de continuidad y a requisitos que deben mantenerse activos. Cuando el consignatario deja de ejercer su función, debe satisfacer las deudas pendientes con la Capitanía Marítima y la Autoridad Portuaria hasta el momento de comunicar su cese.

La due diligence de una agencia marítima debe verificar: qué autorizaciones portuarias tiene la empresa y en qué puertos, si son transmisibles o requieren nuevo procedimiento con cada autoridad portuaria, si existen deudas pendientes con autoridades marítimas o portuarias, y si las relaciones con navieras cliente son contractuales o informales y personales.

Una agencia marítima con presencia en varios puertos puede tener un valor radicalmente diferente dependiendo de si sus autorizaciones son sólidas y transmisibles o si dependen de la presencia personal del fundador ante esas autoridades.

Las certificaciones que valen dinero y que nadie garantiza

Aquí es donde la mayoría de los compradores de empresas logísticas cometen un error que después les cuesta caro.

Las certificaciones de calidad, medioambiente y seguridad alimentaria no son documentos que se archivan y se olvidan. Son compromisos vivos que requieren mantenimiento continuo, auditorías periódicas y, en muchos casos, personas específicas dentro de la organización que las sostienen.

El IFS Logistics (International Featured Standard) es la certificación de referencia para operadores logísticos que manejan productos alimentarios, perecederos o de temperatura controlada. El número de operadores certificados en IFS Logistics en España es reducido en relación con el tamaño del sector. Sin esta certificación, un operador de cadena de frío pierde el acceso a contratos con grandes distribuidores alimentarios, cadenas de supermercados y exportadores agroalimentarios. Para numerosos cargadores, distribuidores y retailers, esta certificación constituye un requisito relevante en sus procesos de homologación de proveedores logísticos.

La certificación IFS evalúa seis áreas: gestión del sistema de calidad, responsabilidad de la dirección, gestión de recursos, proceso de realización del producto o servicio, medidas, análisis y mejoras. Y se renueva mediante auditoría externa cada año. Si durante la transición el sistema de calidad se deteriora, si el responsable de calidad abandona la empresa o si una auditoría de seguimiento detecta no conformidades, la certificación puede suspenderse. Y con ella, una parte significativa de la cartera de clientes.

La ISO 9001 es el estándar de gestión de calidad base que exige prácticamente cualquier cliente corporativo de un operador logístico. Para numerosos retailers y plataformas de e-commerce, la ISO 9001 constituye un requisito habitual en la homologación de operadores 3PL, y su ausencia limita el acceso a determinados contratos. La ISO 14001 gestiona el impacto medioambiental y es requisito creciente de clientes con compromisos ESG. La ISO 45001 cubre seguridad y salud laboral, especialmente relevante en empresas con flota propia, almacenes y operaciones de carga y descarga. La ISO 27001, de seguridad de la información, es cada vez más exigida por clientes del sector farmacéutico, tecnológico y de comercio electrónico que comparten datos sensibles con sus operadores logísticos.

Cada certificación tiene una persona o equipo responsable dentro de la empresa que conoce el sistema, gestiona las auditorías y mantiene la documentación actualizada. En una empresa logística mediana, esa persona puede ser única. Si se va, el sistema se degrada y la certificación puede perderse antes de que el comprador tenga tiempo de reaccionar.

La due diligence debe mapear cada certificación vigente, su fecha de auditoría próxima, quién la sostiene internamente y qué ocurre con ella si esa persona abandona la empresa.

El personal clave: el riesgo que los números no muestran

Hay una verdad incómoda sobre las empresas logísticas medianas españolas que cualquier comprador descubre tarde o temprano: en muchas de ellas, el valor no está en los activos ni en los procesos. Está en personas concretas que saben cosas que no están escritas en ningún manual.

Reemplazar a un empleado clave suele tener un coste muy superior a su salario anual, una vez incorporados el proceso de selección, la curva de aprendizaje y los errores del período de transición. En logística, donde las relaciones con clientes, navieras, aerolíneas, autoridades aduaneras y proveedores son relacionales y no contractuales, ese coste puede ser mucho mayor.

En un freight forwarder, el operativo senior que conoce a los agentes en destino de cada ruta, que habla con el cliente cuando hay un problema y que sabe cómo resolver una incidencia aduanera fuera de horario, vale más que cualquier sistema de gestión. En una agencia marítima, la persona que tiene la relación personal con el capitán de los barcos que consigna y con los funcionarios portuarios es un activo que no aparece en ningún balance.

La due diligence de RRHH en logística debe identificar: quiénes son las personas sin las que el negocio no funciona con normalidad, qué contratos tienen y si incluyen cláusulas de permanencia, no competencia y no captación, si tienen acuerdos de bonus o incentivos vinculados a la continuidad, si hay riesgo de que abandonen la empresa ante un cambio de propiedad y qué plan existe para retenerlos durante y después de la transición.

Las cláusulas de no competencia y no captación son especialmente críticas en logística. Un director comercial que se va llevándose su cartera de clientes a una empresa competidora puede destruir en meses lo que tardó años en construir. Un agente de aduanas que se lleva a sus clientes habituales cuando cambia de empresa no está incumpliendo ningún contrato si no existe cláusula que se lo impida. El comprador que no revise este punto antes de firmar descubrirá el riesgo cuando ya no puede hacer nada.

Las contingencias laborales: el área que más descuentos genera

En el mid-market logístico español, la due diligence laboral es el área que más ajustes de precio genera en proporción a su coste de revisión.

Los problemas más frecuentes tienen estructura común: convenios colectivos aplicados incorrectamente durante años, horas extraordinarias no declaradas, conductores categorizados de forma incorrecta y autónomos que en la realidad son trabajadores dependientes.

El convenio colectivo aplicable en logística no siempre es obvio. Una empresa que mezcla actividades de transporte, almacén y forwarding puede estar sujeta a varios convenios simultáneamente. Si durante años se ha aplicado el equivocado, la diferencia salarial se multiplica por toda la plantilla y por cuatro años de prescripción. El resultado puede ser un pasivo laboral de cientos de miles de euros que el propietario no sabía que tenía.

Los falsos autónomos son especialmente frecuentes en transporte por carretera. Conductores que formalmente son autónomos pero que trabajan en exclusiva para la empresa, con horario fijo y sin capacidad de prestar servicios a terceros. Si una inspección los declara trabajadores por cuenta ajena, la empresa asume retroactivamente las cotizaciones sociales, los recargos y las sanciones.

Las contingencias fiscales: lo que no prescribe en cuatro años

Cuatro años es el plazo de prescripción fiscal para la mayoría de las obligaciones tributarias en España. La due diligence fiscal debe revisar como mínimo los cuatro últimos ejercicios completos.

En logística española hay patrones fiscales específicos que aparecen con frecuencia. Los gastos de vehículos, dietas y desplazamientos tienen reglas específicas de deducibilidad que muchas empresas aplican incorrectamente. Las retenciones sobre pagos a transportistas autónomos son un área de riesgo habitual. Las operaciones intracomunitarias de freight forwarders con clientes europeos tienen requisitos de documentación que no siempre se han cumplido con precisión.

Una empresa logística que ha crecido orgánicamente durante décadas tiene casi siempre alguna irregularidad fiscal acumulada, no maliciosa sino resultado de haber operado con recursos limitados y sin el asesoramiento que el volumen ya requería. El comprador lo descubrirá. La pregunta es si lo descubre antes de firmar, con tiempo para cuantificarlo y negociarlo, o después.

Los contratos con clientes: la cartera que puede desaparecer

La primera pregunta que hace cualquier comprador sofisticado es cuántos contratos con clientes son realmente contratos, es decir, documentos firmados con condiciones, plazos y compromisos, y cuántos son relaciones basadas en la confianza personal del propietario.

En muchos operadores logísticos españoles, la mayor parte de la facturación viene de relaciones sin soporte contractual formal. Son clientes que llevan años trabajando con la empresa porque confían en el propietario. Cuando ese propietario se va, esa confianza no es automáticamente transferible.

Los contratos que sí existen deben revisarse por tres elementos críticos: cláusulas de cambio de control que permitan al cliente resolver el contrato si la empresa cambia de propietario, condiciones de precio que puedan estar desfasadas respecto al mercado actual, y exclusividades o compromisos de capacidad que limiten la flexibilidad operativa del comprador.

La flota: el activo que parece simple y no lo es

El estado real de la flota, tanto técnico como documental, puede diferir significativamente de lo que muestran las cuentas. La vida útil real de los vehículos, el historial de mantenimiento, el estado de las ITV, las tarjetas de transporte asociadas y las pólizas de seguro son elementos que deben verificarse uno por uno.

Para flotas con actividad en mercancías peligrosas, la certificación ADR de vehículos y conductores no admite irregularidades. La pérdida de esa certificación puede interrumpir operaciones que representan parte significativa de la facturación.

La estructura financiera de la flota añade otra capa de complejidad. Vehículos en leasing financiero, en renting operativo o en propiedad con financiación bancaria tienen implicaciones muy diferentes sobre la deuda financiera neta y sobre el perfil de compromisos que asume el comprador. Un leasing financiero que no aparece correctamente en el balance, o que tiene condiciones de resolución anticipada en caso de cambio de control, puede transformar la estructura económica de la operación de forma inesperada.

La Vendor Due Diligence: el examen que el vendedor debería hacerse a sí mismo

Existe una práctica que está creciendo en el mid-market logístico español y que cambia completamente la dinámica de un proceso de venta. La Vendor Due Diligence es el informe que encarga el propio vendedor, antes de salir al mercado, para revisar su empresa desde la perspectiva de un comprador.

Una empresa logística que llega al mercado con una Vendor Due Diligence bien hecha transmite una señal de confianza que acelera el proceso, reduce las sorpresas y protege el precio. Los descuentos en due diligence nacen de las sorpresas. Una empresa sin sorpresas negocia desde una posición radicalmente diferente.

En ACQUIXORY, el trabajo previo a cualquier proceso de venta incluye una revisión de la posición de la empresa en cada una de las dimensiones descritas. No como auditores. Como el primer comprador que va a hacer las preguntas incómodas. Para que cuando llegue el comprador real, las respuestas ya estén preparadas.

Porque una empresa bien preparada no solo vende mejor. Vende en sus términos.

Si quieres saber en qué estado está la tuya, la conversación empieza aquí.

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